Es más fácil pelearse que despedirse

En este momento estás viendo Es más fácil pelearse que despedirse

Pocas emociones son tan difíciles de gestionar como las que rodean un acto de despedida.

A veces se nos empieza a hacer evidente que el camino con una persona está llegando a su fin y nos resistimos a aceptarlo. Nos da miedo el cambio, abandonar nuestra zona de confort. Y más aún, como en ese momento aún no entendemos el motivo que nos separa de esa persona, empezamos a frustrarnos.

Y para cuando ya el distanciamiento energético del otro es ya un hecho, toda esa frustración, dolor, resistencia, incomprensión y miedo se convierten, en muchas ocasiones, en el conductor de la ruptura.

De modo que, lamentablemente, el agradecimiento sereno por todo lo compartido con el otro queda substituido por una explosión de desencuentro que garantiza una no-posible vuelta atrás.

Y es que parece que es más fácil que despedirse, a pesar de que un buen cierre con el otro nos dejaría en paz y preparados para la siguiente etapa por venir.

Os propongo un decreto para, desde el adulto, cerrar capítulos con personas de nuestro pasado o nuestro presente considerando el mayor Bien de todos los Involucrados.

“Tomo lo que me diste. Fue un montón: lo honraré y lo llevaré conmigo.
Aquello que yo te dí, lo di a gusto y puedes quedártelo.

Por aquello que fue entre nosotros dos, yo asumo mi parte de responsabilidad y te dejo la tuya.

Y ahora te dejo en paz!.”

La foto corresponde a la obra “Amor”, de Milov, situada en Odessa, Ucrania.