La carta a los Reyes Magos

En este momento estás viendo La carta a los Reyes Magos

Me fascina la idea de que en esencia somos un chip de información rodeado de vacío pero conectado a un wifi cósmico que nos sostiene. Un chip que proyecta “holográficamente” un contenido que el ego (o nuestra psique) toma como realidad.

Y digo que me fascina este planteamiento porque, si asumimos que la realidad que proyectamos es, directamente, la información grabada en ese chip, que es nuestra conciencia, y decidimos modificar nuestra conciencia, inevitablemente cambiaremos nuestra realidad.

Dicho así suena tan sencillo que da vértigo. Ejecutarlo, sin embargo, es un verdadero desafío. Trabajarte el plano consciente significa elegir la verdad de todas las cosas. Y cuando uno pone esa luz en su mirada desplaza sombras. Y esas sombras que desplazamos se van a volver en nuestra contra de muchas formas haciéndonos dudar de nosotros y de nuestra legitimidad.

Y entonces ayuda pensar que sólo soy un chip conectado a algo mayor que yo y que ese algo mayor y mejor que yo que ha decidido sostenerme en el Amor y la Verdad me quiere ver feliz.

Y me atrevo a pedir, como pide un niño cuando escribe la carta a los Reyes Magos. Y, del mismo modo que ocurre la noche de Reyes, ellos, los del wifi que me sostienen, sólo exigen que me quede dormido para que ellos puedan dejar los regalos en la chimenea. Es decir: me piden que sea capaz de confiar en ellos y que renuncie a controlar el cómo aquello que yo quiero va a materializarse.

Si fuéramos capaces de sostener impecable e incesantemente la misma certeza entusiasta del niño que no duda que la mañana del día 6 de enero va a tener los regalos que ha pedido esperándole, os aseguro que atraeríamos a nuestra vida todo aquello que deseamos.

Parafraseando al gran Joe Dispenza: “Gratitude is the ultimate state of recievership”. Es decir, la clave para recibir está en vivir en el estado de gratitud permanente que tendrías si ya te hubiera llegado lo que deseas.

Fotón de Patrick Wiggley

Deja una respuesta