«Todo llega», nos decimos mientras anhelamos que Eso que esperamos, llegue. Y lo que ocurre es que la energía no está habilitada en esa área de nuestra vida, de modo que aquello que tanto deseamos no tiene un camino de acceso hacia nosotros.
Hay quien dice que “la vida es aquello que nos ocurre mientras hacemos otros planes”, solo que esos “otros planes”, casi nunca los elegimos nosotros.
Nacemos y nos “toca” lidiar con campos energéticos que están ahí porque los heredamos, porque los trajimos de otras vidas o porque tenemos la capacidad de ser nosotros los que los trascendamos librando de esa carga, con ello, a los que vienen detrás.
Así, en ese acto, casi siempre inconsciente, de responsabilidad hacia nuestro sistema y hacia la humanidad, se nos va la energía y la atención mientras transcurre nuestro tiempo.
Y, de repente, un día me paro y me pregunto qué he hecho con mi vida y cuál es mi propósito. Y al hacerlo me doy cuenta de que, precisamente, ése ha estado siendo mi destino: lidiar con personas o situaciones que me traían energías de ira, miedo, dolor, tristeza etc., que me descentraban, desconcertaban, bloqueaban y me impedían conectar con mi verdadero deseo.
Y esa constatación viene acompañada de un gran cansancio, una gran pereza vital: el merecido descanso del guerrero.
En ese punto es cuando se habilita la energía para dirigir la intención hacia donde realmente quieres. Y si echas una mirada honesta hacia adentro de ti, posiblemente te sorprenda descubrir que lo que tu alma te está pidiendo a esas alturas del camino, posiblemente ya no tenga nada que ver con aquello que siempre habías pensado que querías.
Espero que para cuando alcances ese momento de poder y conciencia, te sepas dar el espacio, la paciencia y el amor que te mereces. Que apuestes por ti, porque la vida siempre premia a los valientes.
Y si crees que te puedo ayudar a ubicarte, me sentiré tremendamente bendecida de acompañarte y presenciar el inmenso amor que se desprende de reencuentro contigo mismo.
Foto de @robertofer13


