La belleza dentro del caos

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Atravesamos nubes persiguiendo un sueño que nos impulsa y nos inspira.
 
Por fin sabemos qué queremos, qué hace galopar nuestro corazón y , después de mucho tiempo en el calor del refugio, salimos al sol a recuperar la confianza en la vida. A poner la vida en marcha.
 
Nos adaptamos a la caverna en la que vivíamos y la normalizamos como el lugar a habitar.
No supimos ver que sus paredes aprisionaban la amplitud de nuestro espíritu.
No teníamos perspectiva suficiente para entender que las figuras que veíamos eran sombras  pero no la realidad.
Anestesiamos la inquietud por salir a explorar con píldoras de comodidad, control, seguridad y poder.
 
Hasta que se abrió el suelo bajo nuestros pies despojándonos de la seguridad limitante de lo conocido para enfrentarnos a lo verdadero.
 
Obligando a nuestra piel a curtirse a merced del susurro del viento y del cosquilleo del calor del sol. Obligándonos a sentirnos.
Obligándonos a recordar cuándo fue la última vez que fuimos felices en esencia: esa felicidad que hace cerrar los ojos al evocarla para intentar retenerla de nuevo.
 
Y, conectados con esa felicidad, generamos el sueño que hoy nos impulsa a actuar y nos inspira a atravesar nubes, con algún posible exceso de confianza y fantasía, que ha topado últimamente con la cruda realidad. 
 
Toca poner los pies en el suelo y reconciliarnos con el mandato que nos insta a hacer las cosas bien hechas, aunque no nos apetezca. Por un rato sólo.
 
Porque hoy, con la entrada de Venus en Piscis, ese exceso de practicidad y responsabilidad se pintará de sincronicidad y conexión profunda y todo se volverá más suave, más sutil, más bello.
 
Canta, ríe, escribe, perdona, disfruta y ama. Permite que el momento dulcifique tus laberintos con un descubrimiento progresivo de lo que ha de ser.
La confianza se está viendo recompensada a un nivel de materialización vertiginoso. ¡Aprovéchalo!

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