Todos tenemos la capacidad para conectar con lo espiritual y con lo material. La manera en que ambas se combinan es única y varía según la persona. Se puede tener una predisposición innata para conectar con lo etéreo y ello no tiene por qué estar reñido con ser una persona productiva o ambiciosa.
El problema se encuentra en los extremos: cuando alguien vive tanto es sus ensoñaciones que no consigue realizar nada o, por el contrario, cuando la persona está tan enfocada en lo terrenal que se bloquea ante el libre fluir de lo que no controla.
En Astrología, los responsables de esta polaridad son los planetas Neptuno (el sensitivo, el flipado, el disperso) y Saturno (el disciplinado, el rígido, el autoexigente) en sus versiones más disfuncionales.
Una persona con un Neptuno fuerte, generalmente se beneficiará de una tremenda empatía y fácil conexión con lo espiritual o lo idealizado. Pero, por otro lado, podría ser que le costase crear una relación sana con la realidad, los límites, la disciplina y la estructura. Es frecuente que personas adictas a las drogas o al alcohol tengan este planeta muy aspectado en su carta astral. Todo trabajo que implique rutina y trabajo con la tierra, como las tareas agrícolas, ayuda a que estas personas se enraicen.
En la película de Quentin Tarantino “Jackie Brown” Samuel L. Jackson le responde a Robert de Niro después que éste le ofrezca un porro que no quiere porque “la marihuana mata la ambición”.
Y, efectivamente, se está refiriendo a esta polaridad donde la evasión y la ambición están reñidas.
Así, en el otro extremo de la balanza, Saturno es quien nos permite alcanzar la excelencia, los objetivos y nos enseña el camino de la perseverancia. Sin embargo, las altas expectativas y exigencia de Saturno pueden llevar a una necesidad desproporcionada de control que suele generar stress. Esos momentos de rigidez se pueden solventar con prácticas tan Neptunianas como la meditación.
Al final, la paz siempre se encuentra en el punto medio.


