Cáncer y la Luna

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A veces ocurre que me sorprendo viviendo la esencia de un arquetipo astrológico y eso me permite procesarlo de manera consciente e integrar mejor su significado.
 
Hace unos días dejamos atrás el signo de cáncer. Éste está regido por la luna y ambos, signo y astro, vibran con energías análogas dándonos información de cómo se expresa el mundo interno de una persona: sus miedos, sus necesidades afectivas, su relación con lo materno, su sentimiento de pertenencia, aquello que le hace sentir nutrido, querido, cuidado y protegido y, a su vez, cómo nutre, cuida y protege al otro. 
 
Esta vibración se expresa de manera distinta en cada uno de nosotros y define nuestros niveles de emocionalidad, empatía, sensibilidad, vulnerabilidad y dependencia.
 
Así, cuando una persona tiene una energía lunar/canceriana muy dominante en carta, la tendencia innata que le lleva a darse, vincularse y depender sin medida de los demás debe ser atenuada mediante un aprendizaje que pasa necesariamente por:
 
– Detectar los mecanismos inconscientes que activan una mirada victimista y dramática de los acontecimientos y contrastarla con la objetividad propia del adulto.
 
– Aprender a relajar las expectativas afectivas con respecto a los demás y abrirse a recibir de los otros en la medida y forma que éstos sepan, quieran o puedan dar.
 
– Reforzar la autoestima y la autonomía, de tal manera que no sea necesaria validación ni legitimación externa.
 
– Ejercer la capacidad empática con límites funcionales para no acabar haciendo propios los problemas de los demás.
 
Cáncer es un signo de agua. Cuando está en equilibrio, el agua es tranquila, dulce, cordial, sensible y empática. Sin este Elemento, las emociones están reprimidas y rígidas, pero cuando está demasiado exaltada necesita contención para no desbordarse.
 
Sepamos, pues, honrar desde un lugar consciente y responsable este potencial para poder expandirlo de manera sana y armónica.

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