Siempre he tenido una relación un poco disfuncional con el tiempo. Con su percepción y con su gestión.
Por un lado estaba el desencuentro entre mi reloj interno y el ritmo absolutamente diferente del resto del mundo, que me generaba tardanzas y desfases horarios continuos.
Con los años y la adquisición de cierta madurez conseguí́ enmendar significativamente esa deformidad que tanto molestaba (con motivo) a mi entorno. En los últimos años me di cuenta de que experimentaba otro tipo de desfase asociado también a la gestión del tiempo, pero esta vez era una cuestión interna. Conviven en mí dos tipos de tempos: uno que anhela el reposo, el descanso y el otro que me impone una rutina activa, incesante y necesariamente resolutiva y efectiva. Y es agotador. Es como tener a la cigarra y a la hormiga dentro de ti desencontrándose continuamente.
Ahora sé que esa parte más “gandula” mía, a la que se le puede achacar la tendencia al ensimismamiento y falta de puntualidad tiene que ver con que tengo el planeta responsable de las ensoñaciones, Neptuno, en el lugar más disperso posible de mi Carta Astral, la Casa XII.
Y resulta que también he entendido que los planetas de mi Carta se relacionan entre ellos de una manera tan intensa que me generan un nivel de actividad ajeno a mi voluntad y que es lo que yo percibo como un “Capataz tiránico” que me empuja continuamente a la acción.
Y al final, comprender todo esto, es fundamental para aprender a nutrir equilibradamente todas esas partes que hay dentro de ti y negociar con ellas según más
convenga.
Es fascinante lo complejos que somos y el registro tan limitado que tenemos de lo que somos realmente.


