Tomar al Padre y a la Madre

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Nuestro nombre contiene la llave frecuencial en la que vibramos.

Sería como un tren en el que el Nombre es la locomotora, responsable de indicar la dirección y la velocidad de la marcha, y cada Apellido es como un vagón de combustible que alimenta a la locomotora de una manera única.

Cuando una persona no ha tomado a su Padre o a su Madre no tiene acceso al combustible que sólo ese vagón le puede proporcionar y, en la mayoría de los casos, eso genera una disfunción.

“Tomar al Padre o a la Madre” significa aceptar la vida que me llegó a través de los padres que me tocaron, del mismo modo que una bombilla entiende que sólo puede dar luz si acepta la electricidad proveniente de los dos cables que se funden en sus polos.

Muchas veces, las experiencias vividas con los progenitores están rodeadas de tanto dolor que, el rechazo a ellos, se traduce también en una renuncia a toda la fuerza que, a través de ellos, se podría obtener del sistema familiar.

El proceso de sanación pasaría necesariamente por conectar con el Observador Interno que hay dentro de nosotros, que es capaz de interpretar las situaciones desde el Adulto con una mirada sin juicio.

Desde esa nueva perspectiva, resulta inevitable resignificar las circunstancias que condicionaron la actuación de los antecesores. Y la nueva comprensión trae consigo una gran descarga de responsabilidades, puesto que el pequeño, que normalmente tiende a sentirse culpable por todo aquello que hizo desgraciado al más mayor, ahora entiende que mucho de lo que ocurrió no era culpa suya. Y esa liberación trae el perdón, que es la fuerza más sanadora de la Creación.

Y desde esa posición nueva, uno puede mirar de frente al tronco del que procede, honrar sinceramente el destino de todos los que vinieron antes que él y agradecerles la vida que le ha llegado a través de ellos. Y cuando ese acto de reconocimiento y aceptación se hace desde el respeto y el corazón, la Paz que alcanza el Alma despierta el deseo consciente de caminar hacia la vida sintiéndose sostenida, por fin, por las firmes raíces de los que le precedieron y que me miran avanzar con buenos ojos.

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