Siempre he dicho que Barcelona es una ciudad muy pequeña en superficie donde pasan muchas cosas y personas y que, por ese motivo, palpita muy alto. Tanto, que a los que venimos de localidades más pequeños ese palpitar nos agota.
Algo similar estaba pasando con el tiempo. Cada vez discurría más intenso y acelerado.
Con unas amigas llegamos a plantearnos la teoría conspiranoica de que los días se estaban acortando y nos lo estaban ocultando. Ése y no otro tenía que ser el motivo por el que las horas literalmente nos volaban en las narices dejándonos con la sensación de que nunca iba a haber tiempo suficiente para hacer todo lo que se tenía pendiente.
Hasta hace una semana.
Y se paró el gran reloj y se nos ha reactivado un espacio nuevo, sin presiones externas, donde nos aguardan, desnudas, las resistencias que nos impiden acceder a todo eso que sabemos que queremos. O qué intuimos que queremos.
Vamos a por ello: vamos a des-resistirnos.


